Crítica: "Emily en París", una segunda temporada que engancha desde el primer fotograma

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"Emily en París"
"Emily en París"
Por Carolina G. Guerrero    

La serie "Emily en París", que comenzó su andadura de la mano de su creador, Darren Star, coproducida por MTV Studios y Jaz Media, continúa de la mano de Netflix en la historia de esta joven estadounidense que se marcha a París por motivos de trabajo. Es una serie femenina que tiene muchos ingredientes para gustar desde el primer minuto.

Se ha comentado que el personaje que interpreta la exquisita Lilly Collins está inspirado en la figura de la escritora y periodista Rebecca Leffer, pero parece que los paralelismos surgieron posteriormente.

Lo cierto es que "Emily en París" te atrapa, porque esta diseñado como un auténtico cuento de hadas, los cuales provocan adrenalina, adicción (cuéntamelo otra vez, o me veo la serie en bucle en este caso) y fantasía.

En todo cuento, y este lo es, están esos personajes imprescindibles: por un lado, la parte malvada o perversa, encarnada en la jefa parisina Silvie, interpretada por Philipinne Leroy-Beaulieu. Aunque después no resulta tan deleznable y le trasladará el rol a la jefa de Chicago, Madelaine, que resulta bastante desquiciante, sibilina y vulgar.

Por el otro lado, por supuesto, está la princesa un poco Cenicienta, Emily, y el príncipe vecino, Gabriel, un chef que esta para comérselo y que, según declaraciones de su protagonista, Lucas Bravo, se siente cosificado… Es lo que tiene ser un tío guapetón y con buenas hechuras: es guapo y nos gusta, o es que también hay que renegar de la belleza por todo este desquicie de la inclusión, el feminismo, el machismo, o no sé qué cuántos abanderamientos más, todo un postureo social, etc… El movimiento se demuestra andando y con todo esto al final vivimos con menos libertad que nunca. Siempre he pensado que recalcar las diferencias es la mayor marginación, y esta serie ha tenido muchas criticas al respecto, intentando sacar de donde no hay.

Y luego están los "ratoncillos" ayudantes o lacayos, compañeros de oficina, Luc y Julien, su amiga y compañera de piso de origen chino, que nos brinda maravillosas escenas musicales y que es a la sazon una desheredada multimillonaria que pasa fatigas, aparte de otros varios pretendientes que irán apareciendo en la trama poco a poco.

La serie es una amalgama de comedia, drama y romance. Por supuesto, la moda es otra protagonista más en la ciudad más chic del mundo.

Lo que algunos no soportan de esta serie son los clichés y dicen por ahí que las incongruencias. Series tan aclamadas como "Nueve perfectos extraños / Nueve perfectos desconocidos / Nine Perfect Stragers", e incluso la encumbradisima "The Undoing", están repletas de incongruencias, pero hay que machacar el éxito porque la serie es demasiado infantil, superficial y predecible. Si se escarba, puede encontrarse de todo en unos personajes con una personalidad muy bien trabajada.

La excelencia de esta historia es que entretiene, deleita y te hace soñar. Para aquellos que van de intelectuales, vanguardistas y marginales, la trama es una paparruchada. Yo quiero escapar de la rutina, meterme en la piel de Emily. Para sentirse desgraciado ya tiene uno la vida, que además últimamente tantos obstáculos nos brinda, con su cruda realidad.

Emily nos deleita en muchos capítulos con sus outfits de ensueño, alguno rozando el paralelismo con la adorada Audrey Hepburn, que bien podría encarnarla en esa biopic que al final han endosado a Rooney Mara.

Muchos han puesto el grito en el cielo, ¿cómo puede ir una joven yankee a trabajar a una agencia de marketing de lujo en París sin saber francés?

Punto numero uno: porque la filial de Savoir, que es como se llama la empresa, es norteamericana y se explica perfectamente el motivo por el que envían a la emergente y sabia nueva Cooper.

Segundo: ¿quién no habla ingles en los tiempos que corren en una capital europea? Pues casi todo el mundo. Cuando vas a lugares como, por ejemplo, el festival de Cannes, el francés a veces de poco te sirve, todo el mundo habla ingles. Además, la muchacha se inscribe inmediatamente en una academia, que también es un punto importante en los aconteceres de la historia.

Esta segunda entrega es claramente la continuación de la primera: los desamores de Emily, o mejor dicho, su amor imposible con Gabriel, con el que sí consuma, pero donde una novia tramposa y manipuladora, Camille, no deja lugar a ser vivido; las frustraciones por parte del chef Gabriel y Emily, con sus respectivos encuentros y desencuentros, que todo espectador espera como agua de mayo; los celos provocados por terceros en discordia, como el nuevo pretendiente ingles, Alfie, compañero de clases de francés, etc…

Enredos, soluciones mágicas de situaciones complicadas en la oficina, que Cooper resuelve con una soltura sin igual, bajo la mirada envidiosa de la sexy y madurita jefa Silvie, que vive una aventura con el marido de su amiga y que luego cambiará astutamente por un jovencisimo fotógrafo, que bebe los vientos por ella. Ya se sabe que en Francia una mujer es sexy hasta que se muere…

Al final de esta segunda entrega, Madelaine, la embarazadísima jefa de Chicago, hace su aparición en Paris para poner la empresa de Savoir y a todos sus empleados patas arribas, cuestionando la gestión de Silvie, y con la intención de recortar personal, pero todo dará un giro de 180º que también pondrá en jaque la continuidad de  Emily Cooper en la ciudad de luz.

En fin, mil ingredientes que nos encantan, nos hacen volar hasta París, por sus preciosas calles, por un Paris idealizado: el de la ciudad del amor, el de las postales, los croisants y los crepes suzette y el Louvre. Sí, ¿qué pasa? ¿que todo tiene ahora que ser cutre para gustar? Pues no me parece, y estamos esperando ansiosos la tercera temporada, que seguramente aterrizará a finales de este 2022. No es justo, nos metemos los personajes en vena y ahora nos dejan con síndrome de abstinencia durante un año. No sé si podremos sobrevivir…

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