Crítica: "Angry Birds 2", amigos son los enemigos

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"Angry Birds 2"
"Angry Birds 2"
Por Rolando Gallego   

Cuando los Angry Birds desembarcaron en el mundo gamer, nada haría suponer que al poco tiempo se transformarían en una franquicia cinematográfica exitosa, porque si bien había incursionado en la televisión, con una serie animada, además de explorar una infinidad de otros rubros, las limitaciones del juego de por sí, cercenaban el horizonte de expectativas del producto.

Con el tiempo Sony Animation se quedó con los derechos y así fue como los pájaros enojados vieron una primera propuesta en la que se privilegió la estridencia y el desborde, tan características de la nueva comedia americana, algo que vuelve a incurrir en "Angry Birds 2" (2019) redoblando la apuesta y superando a su predecesora, que suspendió en las notas de los críticos.

En esta oportunidad a una historia simple, se le agrega el gag y la viñeta constante, permitiendo un nuevo acercamiento al célebre enfrentamiento entre pájaros y cerdos, pero desde un lugar que visita la psicología de Red, el pájaro rojo, un personaje atribulado por su pasado, con humor soez y fétido, y en donde el límite del buen gusto se corre hasta lugares insospechados.

"Angry Birds 2" comienza con un dato particular: es verano, las familias aprovechan la playa para descansar y jugar. Pero cuando una amenaza ajena a los cerdos y pájaros golpea a la puerta de ambos, la inevitable expresión "la unión hace a la fuerza" tomará su sentido más radical y no dejará de ser más que una excusa para volver a revisitar este universo creado en Finlandia por la empresa Rovio y que supo de las mieles del éxito como pocas veces un juego supo conocer.

Thurop Van Orman, con gran experiencia en series animadas ("Flapjack"), se pone tras las cámaras de un relato cuyo guion -predecible pero eficiente- se construye a partir de pequeñas situaciones dentro de la gran trama que posibilita la unión entre los enemigos y que apela constantemente a la nostalgia para construir el imán necesario para que los espectadores adultos empaticen con el relato. La música de los años ochenta, más precisamente temas de la época final del disco, agregan los separadores entre escenas y situaciones, principalmente cuando el trabajo en equipo sea necesario para derrotar al intruso.

Entretenimiento pensado para niños sin muchas preguntas por hacer, y acompañados por adultos, funciona porque se ríe de sí mismo todo el tiempo, quitándose lo solemnidad de una puesta animada, jugando sin prejuicios. Lo políticamente correcto deja su espacio al dejar ser, y aunque tal vez su extensión resienta su disfrute, los Angry Birds llegaron para quedarse durante un largo rato en forma de película.

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