Crítica: "Asesinato en el Orient Express / Murder on the Orient Express", en la vía del lujo

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Poirot es el director de la película, Kenneth Branagh
Por Benjamín Harguindey    

"Asesinato en el Orient Express / Murder on the Orient Express" no es sólo la novela más emblemática de Agatha Christie, sino también la más emblemática de todo un género dedicado a plantear homicidios imposibles en sitios exóticos y dotados de un suntuoso elenco de sospechosos. Así mismo, fue una de las más emblemáticas adaptaciones de la novelista británica, de la mano de Sidney Lumet en 1974, algo que la nueva versión de Kenneth Branagh, por más simpática que sea, no empieza a cambiar.

¿Qué tiene la versión de 1974 que no tenga la de 2017? Un tren, para empezar. El de "Asesinato en el Orient Express / Murder on the Orient Express" (2017) no se ve mucho más real que el de "El Expreso Polar / The Polar Express" (2004), que para colmo queda varado en medio de una tormenta de nieve. Por dentro el tren parece más convincentemente una serie de sets con forma de tren que una recreación digital, sobre todo por la cámara cenital y el uso de lentes angulares, indicativos de un problema espacial real.

Lo que sí tiene la nueva versión es un elenco envidiable de actores. ¡Johnny Depp! ¡Penélope Cruz! ¡Michelle Pfeiffer! ¡Willem Dafoe! ¡Judi Dench! Esto en honor al casting de la original, que ostentaba un elenco de estrellas como ya no se acostumbra en el cine de hoy. Acumular celebridades en una sola película -en un solo plano, en el caso de esta- es uno de los raros deleites de un tipo de cine que ha perdido su glamor en una era de "universos cinematográficos" y franquicias con planificaciones económicas más cuidadas que las de un estado soberano.

Además de dirigir, Branagh interpreta a Hércules Poirot, autoproclamado el mejor detective del mundo (y probablemente con razón en uno donde no existe Sherlock Holmes). El detective belga ha sido inmortalizado en el cine por Albert Finney en la versión de 1974, por Peter Ustinov en varias otras cintas, y en la tele por David Suchet. Branagh, sabiamente, se aparta de la imitación iconoclasta e interpreta a Poirot con un poco más melancolía y tortura interna debajo de una superficie cordial. Cuando alguien resulta asesinado en el Orient Express, Poirot decide hacerse cargo de la investigación y deducir quién de la docena de pasajeros es el culpable.

Hay una docena de sospechosos principales, la mayoría interpretados por estrellas más o menos equivalentes en "star power" a las de 1974, salvo por algunas deficiencias (¿a quién se le ocurrió reemplazar a Anthony Perkins con Josh Gad?). Hay demasiados para hacer de ellos otra cosa que estereotipos unidimensionales, pero en algún punto ese siempre fue el chiste de este tipo de historias: distraer al espectador de la obvia verdad con excentricidades calculadas de acuerdo a cada estereotipo. Después de Branagh, quien mejor sale parada es Michelle Pfeiffer en el papel de una viuda fatua.

Una vez establecido el crimen, la historia se reduce esencialmente a una serie de entrevistas que Poirot tiene con cada uno de los sospechosos. La gracia es que al final de cada una el sospechoso parece aún más culpable que antes, porque todos tienen motivo y tienden a contradecirse entre sí. Cada tanto hay un destalle de acción totalmente inconsecuente que existe sólo para hacer de cuenta que hay más en juego de lo que parece y de paso dar un poco más de dinamismo al tráiler. Pero dentro de todo ésta es una historia detectivesca a la vieja usanza, el tipo de tratamiento que Sherlock Holmes jamás recibió a manos de Guy Ritchie.

"Asesinato en el Orient Express / Murder on the Orient Express" quiere evocar el mismo espíritu de nostalgia de 1974, cuando aún entonces la novela de Agatha Christie ya era anticuada. Lo demuestra el famoso "gran elenco", entre los que contamos varios actores veteranos salidos de las tablas (varios desaprovechados) y el hecho de que fue filmada en un formato obsoleto como 35 mm (en oposición a la obvia presencia de varios recursos digitales que rompen un poco la ilusión). Parecería que por cada acierto la película comete un error. Poirot apreciaría el balance. Lo peor (y lo mejor, en cierto sentido) que puede decirse de esta nueva versión de un clásico es que - más allá de la reinvención de Poirot - no ambiciona con llevar la historia en ninguna dirección novedosa, simplemente actualizarla con estrellas y tecnologías modernas. Es un buen paseo, quizás menos memorable de lo que merece.

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