Colaboración: Donald Trump, actor Presidente

por © NOTICINE.com
Una gran capacidad histriónica
Por Sergio Berrocal     

¿Y si el cine fuese responsable directo o indirecto de que Donald Trump haya abandonado su carrera cinematográfica y su vida de multimillonario del ladrillo para convertirse en Presidente de los Estados Unidos? Aquí no vale la máxima periodística de no empezar nunca un artículo con una interrogación. El personaje merece que se tiren todas las reglas por una ventana de cualquiera de los lujosos rascacielos que posee en Nueva York y en otros lugares de Estados Unidos y del mundo.

¿Acaso ha hecho cachitos todos los predicamentos de los más eruditos de todos los analistas universitarios (casi todos o todos demócratas, es cierto)? este republicano de 70 años de edad, mal encarado, con un tupé rubio zanahoria, esposo de una maniquí llegada del frío comunista europeo y una hija que se sienta en el despacho oval de la Casa Blanca como si estuviese preparando un sándwich de mantequilla de cacahuete, bocado preferido de los escolares norteamericanos según nos han enseñados decenas de películas?

Porque el cine de los vaqueros justicieros a lo John Wayne o de los retorcidos enamorados como Humphrey Bogart puede ser el responsable de que el actual inquilino de la Casa Blanca poco o nada tenga que ver con el modelo de Presidente de los Estados Unidos según tantas películas.

Todo está en el cine, donde mientras construía, vendía y hacía malabares con los ladrillos en pleno Manhattan, Donald Trump no descuidaba sus pinitos, fugaces pasos por una película, hasta trece, entre ellas algunas prestigiosas. Días después de la elección presidencial menos esperada y sobre todo menos deseada, el diario francés Le Monde escribía en un suplemento: "¿Y si la tragedia (se supone que la elección presidencial) acaecida el 9 de noviembre no residiera en la elección de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos sino en su jubilación anticipada de la gran pantalla? La carrera cinematográfica del nuevo residente de la Casa Blanca es tan fulgurante como brillante… En el cine, Donald Trump siempre interpreta a Donald Trump y juega con el principio de que el espectador le reconocerá inmediatamente. Ronald Reagan era un actor, a menudo malo, pero no siempre. Por el contrario, Donald Trump es una celebridad, nada más, pero que anda por el cine norteamericano de los años 1990 y comienzo de los años 2000".

El comentario necesitaría el análisis de un Freud metido a peluquero de señora, porque Le Monde puede ser muy profundamente ambiguo.

El caso es que antes de que pidiese votos para ser Presidente, los norteamericanos tuvieron ocasión de verlo pasar por películas de calado popular como "El príncipe de Bel Air·, "Solo en casa", "Sexo en Nueva York o "Zoolander". Y sin olvidar el prestigio del filme de Woody Allen "Celebrity" (1998)-

El ego de los actores es monstruoso. Un actor sin ego no es nadie, ni siquiera un mal actor. Ocurre como con los periodistas. De ahí a preguntarse si Trump no atrapó el virus de querer verse en todo lo alto del cartel de la celebridad de la farándula cuando solo era una presencia fugaz en el celuloide…

Y quién nos dice que no haya sido el cine el que le envalentonó hasta la locura para llevarlo a pedir el apoyo del Partido Republicano primero y una vez designado candidato el voto de los electores norteamericanos. Después de todo, los ritos de unas elecciones presidenciales en Estados Unidos tienen mucho de cine, a veces de cine cómico, donde los candidatos sacan a relucir su mejor perfil.

Hillary Clinton, la demócrata que tenía que ganar a Trump según todos los adivinos de los más influyentes círculos políticos, nunca hizo cine, un poco de televisión, pero siempre en el papel de la mujer del Presidente que le había engañado en el despacho oval con una jovencita y mona aprendiz de política.

El  desastre del anuncio de los premios de los últimos Oscar, protagonizado por dos actores célebres, Warren Beatty y Faye Dunaway, ya dio oportunidad al Presidente Trump, que está en todos los frentes, para opinar: "Creo que estaban tan centrados (los dos actores) en la política que no hicieron las cosas bien".

Una crítica moderada, sin los estruendos que se le han notado a la hora de hablar del muro de separación entre Estados Unidos y México, de los yihadistas o de los clandestinos.

El moralista y documentalista Michael Moore ya tiene preparada por lo visto una película documental titulada "Michel Moore in Trumpland", algo así como "Michael Moore en la tierra de Trump".

Nadie sabe hasta ahora si algún día el Presidente no considerará entre sus reformas la necesidad de meter mano en el cine norteamericano.

Un senador republicano, Joseph McCarthy, ha pasado a la historia como el hombre que entre 1947 y 1957 quiso limpiar Estados Unidos de simpatizantes comunistas. Su "cruzada" se convirtió en una cacería de brujas que provocó pánico en Hollywood donde uno de sus perseguidos fue el entonces célebre realizador Elia Kazan.

Recuerdos, meros recuerdos, nostalgia quizá de algunos extremistas.

Pero también es recuerdo "Freaks" (Monstruos), película fantástica norteamericana de Tod Browning que reapareció en 1960 aunque había sido estrenada en 1932 pero la reacción del público fue tan negativa que la productora MGM la retiró para dejarla en 64 de los 90 minutos que tenía.

Un cronista francés, François Forestier, la saludaba a finales del año pasado como "una maravilla de horror, de humor macabro, de belleza sombría, digna de un cuento de Edgard Allan Poe".

El cuento nada tiene que ver con una elección presidencial como de la que hablamos. Es, dice la reseña, la tragedia de una hermosa trapecista que se casa con un enano por mero interés. Los dos forman parte de una compañía de "monstruos" (freaks) compuesta por mujeres barbudas, hermanas siamesas, esqueletos vivos hermafroditas, mujeres sin brazos…Una monería.

Y, ¿qué tiene que ver esta película de consonancia tan horrenda con la elección de Donald Trump? Nada, por supuesto.

Nota Bene. Casi nadie sabía que actualmente, cuando ya es el Amo del Mundo, Donald Trump está cobrando una renta de 120 000 dólares norteamericanos como jubilación servida por el Sindicato de Actores, según reveló el actor Georges Clooney a una revista francesa.

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