Colaboración: El misterioso "regreso" de Ronald Reagan

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"Blue Bloods"
Por Sergio Berrocal   

Es una producción televisiva sólida, mucho más que más de algunas de esas películas de la gran pantalla que no valen más que por críticas más o menos interesadas, más o menos pactadas, o por el exotismo. “Blue Bloods” es el foie gras de esas cenas televisivas que suelen tener demasiado aliño y muy poco sabor.

Película policíaca al estilo de “Hill Street Blues”, el caviar de los años ochenta, “Blue Bloods” es tan impecable que da miedo. Esos retazos de vida en las calles de Nueva York los pilotea una familia de policías en la gran tradición irlandesa. Todo el mundo o casi forma parte de ese cuerpo, desde el abuelo, es director, el hijo inspector, al nieto más joven policía de a pie. Una familia católica tradicionalista que todos los domingos se reúne para almorzar y el padre, Tom Selleck, bendice ritualmente la mesa.

Todo es católico, chic, elegante. El más joven de la tribu es agente de a pie pero previamente se ha licenciado en Derecho. Todas las fiestas católicas, todas las celebraciones se santifican en la mesa. Y el cumpleaños de uno es la alegría de todos. Llegan los regalos, las felicitaciones. Todo es tan bello que resulta irrealista.

Toda la familia es maravillosa. Yo quiero que Tom Selleck me adopte y me lleve a esa mesa donde nadie se pega patadas debajo de la mesa ni nadie habla mal de nadie.

Si el Vaticano estuviese en Hollywood no me hubiese cabido la menor duda de que los curas habían producido, realizado e interpretado esta producción cuajada de bellas intenciones, donde los malos casi siempre pierden, donde no hay homosexuales locas que saltan sobre la mesa ni adorables secretarias que se llevan a la cama a los que ya tienen edad para ello.

Admiro esta serie y al mismo tiempo me parece de una falacia feroz. ¿Existe una familia entera que además de ser guapa, acomodada en el confort señorial sin exageraciones se quiere, es siempre impecable, limpia por fuera y por dentro?

¿Qué me quieren vender? ¿El catolicismo, la idea de que la familia unida nunca será vencida?

No, creo que lo que pretenden los productores de esta serie, que habría que investigar, es que hay que creer en la vida, tener fe en la vida, no desesperar de la vida. Amar la vida, como si eso fuese posible.

Vivimos en 2018, el mundo está más rasgado que nunca –el canal de tv Arte refería el otro día la posibilidad de un estallido entre Arabia Saudí, la más rica, la más poderosa, y sus vecinos, que aunque ricos y poderosos no lo son tanto—y hay economistas que no descartan otro estallido económico ruinoso como el que se produjo hace diez años con la bancarrota de Lehman Brothers, un banco con un nombre tan simpático, tan televisivo, que uno le confiaría todos sus ahorros, suponiendo que los tenga, claro.

Y pese a los pesares, me siento a cenar con los Reagan (apellido de la familia de policías), aunque me hace gracia que los productores no hayan podido encontrarle otro nombre y se llamen como a aquel célebre presidente de los Estados Unidos que empezó siendo vaquero en películas del Oeste y terminó dirigiendo Estados Unidos, sí, Ronald Reagan.

¿Será casualidad el apellido o quieren enviarme un mensaje que pese a la cantidad de episodios ya vistos no acierto adivinar? ¿El porqué del apellido, que forma parte del telefilme ya que en más de una ocasión alguien pregunta durante la acción:  “¿Reagan como Reagan?”

Desde que andamos metidos en el laberinto de las Fake News, esa ensalada de noticias falsas que al parecer ahora circulan más que antes aunque las falsas noticias es lo que más se ha conocido en todos los tiempos en periodismo. Y desde que sabemos que un señor, Julien Assange, lleva “asilado” seis años en la embajada de Ecuador en Londres por haber publicado noticias que en su tiempo molestaron mucho a quienes dominan el mundo, es difícil creer en las casualidades.

Los rusos se han convertido al parecer en maestros de la noticia falsa, de la noticia tendenciosa (pregúntense por qué el desconocido Donald Trump ganó tan fácilmente las elecciones presidenciales teniendo como rival a una prestigiosa demócrata, Hilary Clinton) y ya no hay quien crea nada. Más se multiplican los medios de comunicación, y ahora con los digitales la cuenta es infinita, más posibilidades hay de que nos engañen, de que nosotros engañemos.

¿Y ustedes se preguntan por qué me preocupa tanto que los protagonistas de mi serie favorita se apelliden Reagan, como el Presidente, aquel que decía con todas las letras que la Unión Soviética era “el imperio del mal”?

Con todo eso, “Blue Bloods” es la mejor serie policíaca de la televisión y yo la adoro.

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