Crítica: "Aquaman", superproducción que flota

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"Aquaman"
Por Edurne Sarriegui    

La última entrega de DC Comics, en manos de Warner Bros, es "Aquaman" (2018). Dirigida por James Wan ("Rápidos y Furiosos 7", "El Conjuro") constituye la presentación oficial del superhéroe que apareció brevemente en "Batman vs. Superman" (2016) y "La Liga de la Justicia" (2017). El guion de David Leslie Johnson-McGoldrick ("El Conjuro 2") y Will Beal explica los orígenes del protagonista de la historia, su entrenamiento y el enfrentamiento con su hermano que, además de reinar en las profundidades del mar entre los descendientes de la mitológica Atlántida, pretende llegar a una guerra total con la humanidad que habita la superficie terrestre.

Tomando elementos mitológicos y literarios, la narración nos lleva de la superficie al fondo del mar con una historia que, si bien no ahorra en los clichés del género, tiene la suficiente tiene gracia, acción y atractivo visual como para entretener, que no se le pide otra cosa.

Arthur (Jason Momoa) es fruto del amor  entre el guardián de un faro (Temuera Morrison)  y Atlanna (Nicole Kidman), reina de las profundidades marítimas que llega a la costa huyendo de un matrimonio desgraciado. Su madre debe volver al mundo submarino y asumir sus obligaciones reales para preservar la vida de su hijo, pero éste, que conoce desde temprana edad su origen, recibe el entrenamiento necesario para desarrollar sus capacidades -como atlante y miembro de la familia real- por parte de Vulko (Willem Dafoe), consejero de Atlantis.

Arthur, que sigue viviendo con su padre en el tranquilo pueblo costero en el que nació, se ha convertido en el guardián de los mares contra peligrosos piratas que amenazan la seguridad de los navegantes y se niega rotundamente a asumir su responsabilidad como hijo mayor de la desparecida reina Atlanna. Pero las guerras intestinas en las profundidades se agravan, la amenaza de una guerra total contra los humanos en la superficie aparece y la falta de un liderazgo claro entre los reinos submarinos le empujarán a demostrar su liderazgo recuperando el tridente ferozmente vigilado por un ser todopoderoso. Haciendo honor a su nombre y a la mitológica espada de su tocayo, tratará de cumplir con su misión acompañado por Mera (Amber Heard), la pelirroja princesa de uno de los siete reinos submarinos.

Este nuevo capítulo no aporta novedades a las películas de superhéroes. Su larguísimo metraje de casi dos horas y media se desarrolla dentro de lo previsto sin grandes sorpresas. Sin embargo, supera el promedio de producciones de similar tenor principalmente por la calidad visual de sus imágenes. El mundo virtual que recrea las profundidades submarinas es llamativo y atractivo y debe resultar aún más impactante en formato 3D. El actor protagonista aporta el suficiente carisma a su personaje y la química con su coprotagonista es indudable. Y esto ya es más de lo que muchas veces se obtiene de estas reiterativas superproducciones.

Como sucede siempre en estos casos, la abundancia de recursos se hace patente en el reparto, que cuenta con representantes del "star-system" de la industria Hollywood. El oportuno marketing es otra de las causas que inducirán a los seguidores de este universo DC a ver su última creación.  

"Aquaman" es fiel a los presupuestos de su género y cuenta con un protagonista atractivo. Sumerge al espectador en un mundo fantástico, ofrece acción trepidante y aprovecha para enviar mensajes ecológicos y antidiscriminación tan en boga. Entretenida, colorida y por momentos divertida, es una buena opción para una tarde de pochoclo o palomitas.

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